viernes, 21 de julio de 2017

El aburrimiento

El helado de turrón se esparce en la mesa. Al lado tres marcas redondas: la horchata, el limón y el café granizado. Están los pies sobre la silla, el ventilador agitando las telas de toda la casa. Olemos todos a insecticida. 

Los perros cruzan la casa, por fin, tras un invierno de puertas cerradas. No deja de sonar el timbre, caen visitas y ladridos y besos. Sale fruta de la cocina: media sandía, melocotones, gajos de melón. En el mantel de la mesa se va pegando todo. Y llegan los niños, hambrientos, cansados de lanzar mareas y empujar a saltos el agua de la piscina. 

Todos los cuerpos llevan consigo algo de sudor. Se cruzan y se saludan. Ya era hora, dicen, de verse. Las pieles tostadas, las voces agudas, las risas fáciles. Y los tiempos muertos. El verano es un delicioso aburrimiento. 

miércoles, 17 de mayo de 2017

Cuatro hábitos

Han entrado cuatro monjas como cuatro abejas reina. Negras y blancas. Hiladas como una colmena. Tanto que he tenido que moverme para que ellas se posaran en el banco, en línea y serias. La de mi lado ha sacado del bolsillo de su vientre un reloj de plata con su cadenita. Ha guardado el tiempo a buen recaudo y ha seguido el momento de la paz con sus manos bajo la toca, saludando a las demás con tres golpes de cabeza. Tras la comunión han salido volando, como la cola de una cometa, dejando una estela negra que avisaba, con el movimiento de sus hábitos, que la vida es breve. 

lunes, 10 de abril de 2017

Menos mal

Menos mal que la vida nos cansa
y nos da el sudor, el esfuerzo,
el agua, la sed y la cama.

martes, 14 de febrero de 2017

Tristeza

A veces descienden las aguas y tocan una pena que golpea en mí como dos campanas. Así como estoy, en la misma torre, todo es de una vibración insoportable. Van de lado a lado mi alma y mi eco, a una voz y al aire. La cuerda que me sacude, me anuncia, para luego quedar suelta, desordenada sobre sí misma, celebrando la tristeza. 

sábado, 21 de enero de 2017

Citas con peros

Estoy de convidada de piedra en la mesa de al lado. Yo con mi libro, ellos con su conversación: "Había una conexión con este tipo que no exploramos nunca", dice la chica. "Soñé con su gato varias veces", aporta como prueba. Él sigue escuchándola, yo sacudo mi cabeza y me digo: "¡Por favor!". Luego confiesa que al tiempo se liaron, pero que nunca se sintió cómoda. Al otro lado, el chico que la escucha va tomando nota de que nunca serán nada.

"Luego me lo encontré en una aplicación, el chico que había conocido en la vida real, lo volví a encontrar. ¿No te parece alucinante?". Él asiente.

Todavía no lo sabe, pero esta información es una conexión de otro tipo. Nada que él estuviera contemplando en su cabeza. De repente lo dice, lo deja caer, intrépido: "Tengo un gato". "Ohh", ella ronronea.

Quién sabe. Él, como Marte o la luna, podría convertirse en objeto de conexiones y exploraciones. Se quedan hablando del gato, que si por la noche necesita cazar. 

Pago mi cuenta. Me levanto. Hay citas que tienen mucho mérito. 

jueves, 19 de enero de 2017

Minas de pan

Vaya donde vaya hay lápices saludándome por la casa. En cualquier habitación tienen previsto que habrá un libro y un párrafo, y esa frase, o esa idea. Me revuelvo y ahí está: "Toma tu lápiz", me digo. Subrayo. Vuelvo a dejar las minas de pan. Así no me pierdo.